Esta cocina es reconocida por los conventos de la ciudad de México, verdaderos cocinas de la colonia, durante siglos aportaron apetitosos resultados como el rompope, las galletas, el chocolate. También contaban con venta de legumbres y frutas de sus enormes huertas que ellas tenían, así como a preparar banquetes y encomendarse a San Pascual Bailón, y sin dejar de mencionar a sor Juana Ines de la cruz que dejó un legado de 30 recetas entre las que destacan los buñuelos, huevos reales, picadillo de gallina.